8 may. 2009

Mensaje de reencuentro y algo más

Por Yunior García Ginarte
yunior@rbayamo.icrt.cu
foto: Cortesía de amigos

Hola a todos: a mis lectores, a mis seguidores y a ti viajero o viajera de paso. Este es un mensaje de bienvenida luego de más de 20 días de ausencia en las actualizaciones de blog.

Especial el saludo para los que extrañaron las nuevas entradas. De cualquier modo siempre estuvieron presentes en cada una de las líneas que recogí en estos días en que no pude compartir las inquietudes de esta Isla Mía, que es parte de todos ustedes.

20 días o algo más que sirvieron para atesorar experiencias. Estuve inmerso en un vasto programa curricular sobre América Latina: Situación Actual y Perspectivas. Pero no los agotaré con tales contenidos como lo hicieron conmigo sesiones de 4 horas de conferencias.

Aquí les dejo con esta entrada de reecuentro.

Refranero popular se adelanta a la ciencia: el amor sí es ciego

La ciencia se ocupó de demostrar con pruebas tangibles el famoso refrán popular. Ahora, cuando alguien diga: el amor es ciego, estará en lo cierto.

Investigaciones científicas realizadas en la University College London (UCL), en Inglaterra, demuestran que los sentimientos amorosos llevan a una supresión de la actividad en las áreas del cerebro responsables del pensamiento crítico.

Según la revista especializada NeuroImage, el cerebro se encarga de reducir la capacidad de evaluar objetivamente la personalidad y el carácter de la persona por quien se siente una atracción.

Además, los resultados del estudio probaron la similitud del amor llamado \"romántico\" y el maternal, pues ambos producen los mismos efectos: suprimen la actividad neuronal asociada con la evaluación crítica y las emociones negativas.

Al analizar el tema, tuvieron en cuenta una antigua fábula, la cual habla de una lechuza que le pide al águila –rey del bosque- el favor de no devorar a sus hijos en las cacerías.

El soberano compadecido le pregunta por la apariencia de su prole para reconocerlos y evitar convertirlos en la cena. La vieja ave nocturna respondió que no tardaría en reconocerlos debido a su belleza.

Para no equivocarse, el águila voló directo a los más feos. Estos resultaron ser los hijos de la lechuza.

Los estudiosos encontraron un basamento cierto a la moraleja del cuento, pues demostraron que la desgraciada ave –similar a otras madres humanas- no exageraba, al contrario, creía sinceramente en sus palabras.

A través de un escáner, analizaron los cerebros de decenas de progenitoras mientras ellas observaban fotografías de sus vástagos, así como de otros niños y adultos conocidos. En todos los casos el funcionamiento de la actividad neurológica fue similar a la de las personas enamoradas: supresión casi absoluta de la apreciación crítica de los seres queridos.

Las relaciones humanas utilizan un mecanismo diseñado para superar las distancias sociales, desactivar los mecanismos de evaluación negativa y recompensar al individuo con un sentimiento de gratificación y motivación.

Andreas Bartels, jefe del equipo investigador, explicó de forma muy sencilla el fenómeno. Este doctor aseguró la necesidad de ver al amor “romántico” y al maternal como algo extremadamente positivo, pues de otra forma la especie humana dejaría de propagarse. ygg /tj (AIN)

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