26 feb. 2010

Los jóvenes cubanos no pueden callar

por Yunior García Ginarte.
fuente: Radio Bayamo Digital

No contradigo para nada la frase martiana “hacer es la mejor manera de decir”, al contrario, la reafirmo, pues decir, dialogar y opinar para la juventud cubana de hoy, es una forma de renovar el debate público necesario para ayudar a construir el proyecto social cubano.

La juventud cubana es amplia y plural. Para la intelectual cubana Graziella Pogolotti está integrada por adolescentes, universitarios, trabajadores, sectores marginalizados y renuentes al estudio o trabajo, pero todos nacidos y criados en el llamado período especial, signado de penurias, desigualdad social y limitaciones económicas para la isla caribeña.

Continuadores del proceso social cubano instituido por la Revolución Cubana, los jóvenes de la isla no pueden callar, y además fortalecer un diálogo con ellos es la garantía de un futuro prometedor.

Presiento que los tiempos cambian. Y hoy muchos sectores juveniles como los universitarios y otros de la vanguardia artística e intelectual, tienen en la palabra su forma de hacer y para bien. Inconformes tal vez, pero la juventud tiene esa característica.

Por otro lado, en la enseñanza secundaria, por ejemplo, donde cada estudiante en asamblea de grupo ofrece su criterio sobre los demás con cierta dosis para complacer al otro. Tal vez ello cueste más, cuando ese criterio no coincide con el de la mayoría, o cuando esa voz contradice la hoy llamada “falsa unanimidad”.

En la llamada vanguardia de la juventud cubana, “ser o no ser” es la alternativa de los jóvenes de acuerdo con la convocatoria al IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), organización en pleno proceso de análisis y debate en torno a problemáticas que enfrenta ese sector de la sociedad.

El documento exhorta a todos los jóvenes a enfrentar resueltamente cualquier actitud que constituya un riesgo para la fortaleza de la Revolución, teniendo muy presente la alerta del Comandante en Jefe, el 17 de noviembre de 2005 en la Universidad de La Habana, sobre los peligros que se pueden correr a causa de nuestros propios errores.

El evento, que centra hoy la atención en la Isla, debe ser un espacio de reflexión ineludible sobre el futuro del país y de cómo debe y pueden contribuir a este las nuevas generaciones, afirma el documento.

En la oriental provincia de Granma, el debate ha estado centrado hacia el funcionamiento interno de la UJC, el papel de los jóvenes en la continuidad de la Revolución y su inserción en la producción de alimentos y el ahorro en los diferentes sectores.

Hasta aquí todo perfecto, pero señala la doctora Pogolotti que “no siempre los más dúctiles resultan los más confiables”. De esta frase entiendo por dúctiles los que siempre dicen Sí en el diálogo intergeneracional; aquellos que no construyen en el debate público.

En su reciente artículo, la estudiosa cubana afirma que “ofrecer una carta de confianza, tender puentes hacia una relación constructiva, no implica ´blandenguería´ o dejación de principios irrenunciables. Hay que despejar la atmósfera de interferencias subjetivas”.

Ciertamente, los jóvenes cubanos no pueden callar. Su voz debe ser de construcción hacia un diálogo de participación que debe tener tres aristas básicas, una de ellas enfocadas a la diversidad de criterios, respetar la opinión del otro partiendo de un modelo de comunicación dinámico con aporte mutuo.

Ante el cauce de polémicas y criterios de nuestra realidad y en medio reflexiones de los jóvenes comunistas nada debe quedar sin decir, nada debe ser cuestionado, aún cuando parta del desconocimiento.

Las nuevas generaciones de cubanos tienen ante sí la continuidad de su realidad, en un camino que más flores encontrarán obstáculos, muchos de ellos creados por la propia subjetividad intergeneracional que cual enfrentamiento genera límites, opinar es forma de continuar nuestro proyecto social.
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