23 mar. 2010

Serie... ¿Azul?

Por Lilith
Para Isla Mía de tod@s

Oriente anda de luto. Ñoooo, qué fuerte, categórico…, pero desde mi pedacito es verdad. Por donde sale el sol, sencillamente, la Serie Nacional de Béisbol, que en otro tiempo ocupa mente y cuerpo de la mayoría de los aficionados de Camaguey pa acá, se acabó a medio camino, con la eliminación de Santiago de Cuba.



(Sí, porque los de los tinajones se quitan de arriba como pueden el cartelito de orientales. Allá ellos)

Ahora hay silencio. Algunos se concentran en los peros, en lo que hubiera sido si tal o más cual manager fuera adivino y hubiera hecho lo que él dice, si estaba clarito, si el de primera se hubiera abrochado bien los pantalones, si el batazo, si el fly…

Con lo inevitable, sólo queda esperar la próxima serie en calma, si fuera posible con los apologéticos del Industriales que, según los nunca bien ponderados colegas de la sección deportiva nacional, parece salido de novelita mexicana.

Lo que hay que ver, nagüitos, manitos y otros socios de por acá. El final de la clasificación del occidente habanero, pareció de postal. Yo recomiendo pastillitas contra la hipertensión, no vaya a ser que perdamos a un comentarista con tantas emociones.

Las últimas palabras de la etapa de semifinales en occidente fueron dichas a gritos por un comentarista que casi queda disfónico. Por todos los santos, que se cuide la voz, si no cómo piensa seguir dando loas a Industriales.

Que conste, no creo en que los periodistas debamos ser neutrales de tuétano. Eso es mentira, una pretensión de alguien que no sabe lo que es el deporte que corre por la venas, sube tensiones, da sudoraciones, quita el hambre, el sueño.

Yo enloquezco con Santiago de Cuba y no creo que deba excusas por eso. Soy guantanamera pero ya se sabe que en la pelota, como en el amor, los sentimientos no pueden ocultarse. Ellos valen por encima de todo y nada, ni siquiera la misión de apoyar a los Guerreros en una lid eventual entre ambos, me quitará los amores para con los muchachones de Antonio Pacheco.

Pero tampoco hay que exagerar. Vaya, y si se exagera porque no hay más remedio, porque se le fue a la Osendi –siempre incontinente-, por lo menos ponga cara de circunstancias y acéptelo.

…Y si ganan la serie, bueno queridos amiguitos, papaítos y abuelitos, aguántense del asiento para el resumen habitual de fin de temporada.

Seré feliz el día en que nuestros periodistas industrialistas, sí porque a ningún otro le permiten semejantes desatinos, por lo menos no se los publican, admitan que sí, ¡son industrialistas!

Un poco más feliz cuando permitan otra voz en el ruedo, de cualquier color. El problema es la diferencia. Cualquiera que vea la televisión un par de veces y no tenga otras referencias, podría pensar que Industriales juega contra sí mismo.

Pero ese día está lejos y mientras tanto los de acá tenemos que tragarnos la mentira, las secciones deportivas que se van de color azul, ¿será cianosis?, ¡mesas redondas! en las que se discuten gravemente las opciones de los equipos finalistas, y alguna que otra seccioncita con un discípulo de Nostradamus.

Una final que se disputa, por cierto, con uno de los equipos que hasta el otro día se ganó las críticas, públicas y todo, de la Comisión Nacional de Béisbol, por un espectáculo más digno de un canalito de Miami no apto para menores que de la Televisión Cubana.

Nada, sin embargo, hace alusión al hecho. Borrón y azul nuevo, nada de críticas ni advertencias para que los capitalinos, que en medio de la riña tumultuaria dijeron “no haber visto un maltrado semejante”, refiriéndose a los agentes del orden y no al pelotero corriéndole detrás con un bate –gracias que de madera- a un pitcher desarmado, aunque no inocente; no se dejen llevar por los calores del juego.

(Claro, la mayoría de los cubanos no sabrá de lo que hablo porque, incluso con la explosión de drivers que andan por ahí, tardará mucho para que las imágenes del incidente, violentas incluso para adultos, recorran todo el país.)

En el terreno, sin discusión, los finalistas son los mejores. Villa Clara se mantuvo y luchó, como todos esperamos. Industriales puso fuerza y tenacidad donde faltaban numeritos.

Que será una gran final, entre dos clásicos, nadie lo duda. Ni siquiera nosotros, los orientales, aunque admitamos, porque de hipócritas los de acá no nos gastamos pelos, que la serie, esta vez entre melenudos y citrícolas, se acabó para nosotros.
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